No hay palabras en ningún idioma para describir lo que siento. Jamás he sido tan feliz. No hay un centímetro de mi cuerpo que no me duela, estoy muy cansada, tengo sueño, pero nada de esto me importa, me siento la persona más feliz, más afortunada, y más agradecida del universo. Sólo puedo decir palabras bonitas de mi bebé. ¡Él es increíble!, es precioso, perfecto en todos los sentidos. Después de tanto sufrimiento, de tres años de intentos con dos experiencias horribles, frustantes y tristes, llegó él, mi ángel. Es un solecito, un bendito. De hecho, es tan bueno que me da hasta pena. Está súper espabilado desde el primer momento, y sabe hacerlo todo como si supiera qué hay que hacer en cada instante. Él nos guía, nos está enseñando cómo tenemos que cuidarlo, es paciente y sabe perdonar a estos padres tan inexpertos y primerizos que lo quieren con locura.
El martes 21 de octubre, a las 20.20 horas, seis días antes de lo previsto, llegó a nuestras vidas. Nació perfectamente, sin sufrir, sin una manchita, marquita o rojez. Nada más nacer me lo pusieron encima. Fue una sensación preciosa que duró demasiado poco, unos segundos. Sentirlo tan caliente, húmedo, suave fue de lo más agradable. También extraño, acababa de tener un bebé, era mío. Era muy raro que esa cosita era mi hijo, quien había estado de mí durante 9 meses. Nos conocíamos pero realmente no nos habíamos visto nunca. Fue muy emocionante ese instante, pero se lo llevaron rápido a quitarle algo que tenía en la boquita -no llegué a saber qué era exactamente-. A los 10 minutos, o quizás más, lo trajeron unos minutos diciéndome que era para que conociera a su mamá, pero que tenían que llevárselo a la incubadora porque estaba "quejicoso" y tenía que adaptarse al nuevo medio. Nos dio mucha pena, porque no lloraba, sólo emitía un pequeño ruidito a modo de queja, algo que nos partía el alma. Así que lo tuvimos otro instante, lo miramos, le hablamos, lo besamos y se lo entregamos a la enfermera para que se lo llevara si es que tenía que hacerlo. A partir de ahí fueron dos horas de espera dentro del paritorio, sin poder salir y sin tener información. Me sentía feliz pero muy triste porque después de tanto esfuerzo y sufrimiento no podía estar con mi bebé, no podía verlo ni sentirlo y no sabía bien qué le pasaba. Entre esa espera, una enfermera entró al paritorio y le preguntamos. Ella consiguió que su papá pudiera verlo en la unidad de neonatos. Al menos, él lo vio feliz, muy a gusto, calentito en la incubadora donde le pusieron calor y había más oxígeno. Por fin, a las dos horas nos lo dieron y pudimos disfrutar de él y su dulzura, de la que ya gozamos cada día. Mi vida ha cambiado como me decían todos durante el embarazo, pero sin duda para mejor. Y sí, ha cambiado, pero no se ha acabado, acaba de empezar una nueva vida de la que ya estamos disfrutando. Él se está adaptando a ella perfectamente y nos permite salir y entrar. Sólo nos quedamos encerrados el día entero que tuvimos que estar en el hospital ingresados ambos. El jueves nos dieron el alta y desde entonces hemos salido, aunque todo el mundo se asombra, incluso alguno te hace sentir mala madre con algunos comentarios que me hacen dudar si será verdad que tan chiquito debería estar recogido en casa.
Gracias a los abuelos hemos podido atender a las visitas -que es lo más complicado en esta nueva etapa- y compaginarlo con citas clave como la prueba del talón, o comprar cosas que de pronto hemos visto que son necesarias. Pero lo dicho, me niego a ser de esas madres que cambian su vida, se encierran y al final culpan a sus hijos de no dar abasto. Yo ahora mismo no llego a todo, no puedo, pero lo intento y lo consigo a medias. Él, como decía, es un bendito, y no lo pienso culpar de nada. Sólo puedo más que agradecerle. Hace un año justamente me encontraba en uno de los peores momentos de mi vida precisamente por volver a perder un embarazo y por sentir que jamás iba a cumplir mi sueño de ser madre. Pero hoy, mi sueño se ha hecho realidad. ¡Gracias Señor Bebé!
P.D. Como entenderéis, estos días estaré algo más desconectada del mundo blogger, pero no desaparecida. Pronto estaré por aquí, pues ahora tengo muchas más cosas que contar :)
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| La piernecita del precioso Señor Bebé |




